Vienes a mí, me dices lo que te pasa, el daño que te han hecho, lo mal que te sientes, derramas tus lágrimas sobre mi hombro. Me abrazas, te intento consolar, te digo cosas que se suponen que te ayudan. Pero cuando ya estás bien, cuando estás feliz, cuando no necesitas consejos, cuando no necesitas mis coherencias, cuando te ríes te veo a lo lejos, sí a lo lejos. No es conmigo con quien te diviertes, no es conmigo con quien eres feliz, no es conmigo con quien estás bien, es con otra persona. Otra persona que para ti es un amigo, no digo que no lo sea, pero no soy yo. Me necesitas cuando sabes que estás mal, que solo yo te puedo consolar, que solo yo te comprendo, pero cuando quieres reírte un rato no recurres a mí.
Y qué espero que algún día te des cuenta de lo dura que es la soledad, de lo que se siente cuando la persona a la que le has confiado toda tu vida pase de ti, que la persona a la que consideraste tu hermana apenas te mire, que a la persona a la que le diste todo tu apoyo en todo momento apenas te hable, que a la persona a la que ayudaste sin que ella se diera cuenta, a la que has hecho muchos favores sin que ella lo supiera, a la que has hecho que le pasen cosas increíblemente buenas y maravillosas hayan sido gracias a ti pero ella no lo sepa, apenas te trate por lo que eres.









